EL FANTASMA VENGATIVO DE CARMONA

Por: Jose Manuel García Bautista

Carmona es una de las ciudades importantes de la provincia de Sevilla, una localidad en un lugar estratégico desde donde se divida toda la zona de Los Alcores, La Vega y Las Terrazas. Su gran Historia nos lleva a tiempos pretéritos, hace más de cinco milenios, en los que se llamaba Carmo y era plaza fuerte del legendario reino de Tartessos, pero por sus calles también han pasado civilizaciones que dejaron un gran legado cultural como fenicios, cartagineses o romanos.

Precisamente de Carmona el mítico Julio César dijo, con la sublevación de la Hispania Ulterior, aquella lapidaria frase: “Carmona es, con mucho, la ciudad más fuerte de toda la provincia [Bética]” (Carmo, quae est longe firmissima totius provinciae civitas) otorgando el estatus de municipio y el derecho de acuñar moneda y quedándonos, en la actualidad, vestigios de aquella etapa por la Vía Augusta o la Necrópolis de Carmona.

Igualmente gloriosa fue la etapa musulmana hasta la Reconquista y toma de la ciudad por las huestes de Fernando III “el Santo”, posteriormente el rey Pedro I remozó algunas de sus construcciones, como el Alcázar –hoy llamado también Alcázar del Rey Don Pedro o Alcázar de Arriba- que es más conocido como el Parador Nacional, operativo desde 1976.

El fantasma vengativo de Conchita en el colegio San Blas de Carmona

Carmona tiene una gran Historia pero también tiene lugares encantados donde apariciones y fantasmas toman el protagonismo, como el popular “Monasterio del Diablo” o “Huerta de San José”, algunos cortijos con terribles historias personales en su interior –a nivel paranormal- y, también, relatos que afectan a centros públicos cómo, por ejemplo, un colegio.

Así nos debemos desplazar al colegio San Blas donde cuenta la leyenda que allí se encontró, hace décadas, por parte del conserje, el cadáver de “Conchita”, la limpiadora que se encargaba de los aseos. Aquel lúgubre incidente marcaría por siempre cada rincón del colegio.

El conserje, asustado, dijo a la Policía, no haber movido el cadáver de la limpiadora, así la leyenda dice que el cuerpo “presentaba signos de haber tenido una muerte terrible y la cual duro varias horas, pues tenía marcas que demostraba que había sido mordisqueada al punto de que le faltaban trozos de carne en la cara y algunos en el cuerpo, la ropa rasgada en jirones, todo sobre un gran charco de sangre”.

Pero por mucho que se investigó el caso jamás se pudo descubrir al asesino y pasó a engrosas, una vez más, la lista de casos indescifrables del archivo policial. No obstante en el colegio se cuenta una historia que relaciona aquel baño con incidentes más allá de lo racional.

Se dice que los alumnos escuchaban como si alguien tocara la puerta del baño con la intención de que alguien la abriera. Comentaban que aunque escucharas sin abrir la puerta o preguntaras “¿Hay alguien dentro?” nadie te respondía y sólo golpeando una vez la puerta o escuchando como la golpeaban era la señal de estar “ocupado”. Y, como en todos los colegios con alumnos ávidos de misterios, pronto se comenzó a decir que era el fantasma de la limpiadora muerta que, atormentada, estaría manifestándose en el lugar donde perdió la vida “llamando a la puerta para que aquel que quiera saber lo que sufrió pueda pasar lo mismo que ella”.

Y la leyenda nos lleva a conocer la historia de un estudiante llamado Pedro que en una fiesta de fin de curso en el colegio iba a vivir uno de esos episodios que jamás podría olvidar en su vida… Pedro fue al aseo sólo y estando en su interior recordó aquella vieja historia de apariciones y fantasmas, de ruidos imposibles y seres del más allá. Así nuestro protagonista, envalentonado por el consumo de alcohol, entró en el baño, cerró la puerta desde dentro y entonces sucedió lo imposible: escuchó como se hizo el silencio en el lugar, ya no se podía oír el jaleo de la fiesta, era como si algo hubiera apagado todo ese estruendo y hubiera aislado aquella zona del colegio.

Asustado pudo escuchar como comenzaron a sonar unos ruidos, eran porrazos, golpes, como si alguien llamara al otro lado de la puerta… ¡Nadie podía entrar allí! ¡Estaba cerrado desde dentro! ¿Quién llamaba?

Pedro, armado de valor, acertó a decir: “¿Quién es?”, pero nadie contestó a su pregunta, sólo se escuchó un ruido, un golpe… Había alguien o “algo” pero no hablaba y, nuevamente, resonaron aquellos golpes…

Pero volvió a decir: “¿Quién es?” y al no responder nadie, enfadado, espetó: “¿Quién es? ¡No jodan eh!”, y nadie respondió.
Trato de calmarse y se le ocurrió mirar por debajo de la puerta para ver si veía algún tipo de calzado o las piernas de algún bromista con ganas de guasa, pero no había nadie.

Cada vez estaba más nervioso, el pulso acelerado, las lágrimas casi brotaban de sus ojos y un nudo se le cogía en el estómago que le apretaban las entrañas… Se armó, una vez más de valor, y abrió la puerta de forma violenta para salir corriendo en dirección a la puerta que él mismo había cerrado de acceso al cuarto de baño. En plena carrera a la puerta escucho tras de sí una voz, un susurro, era una mujer, justo a su espalda, entonces no pudo evitar echar la vista atrás, un acto de morbosa curiosidad…

Lo que vio casi lo mata del susto: era la visión de una mujer que estaba cubierta de sangre y extendía los brazos queriendo llegar hasta donde él se encontraba. Pedro se golpeó fuertemente en la cabeza con la puerta y cayó sin sentido al suelo, al despertar lo rodeaban varias personas de la fiesta que trataban que se reanimara y le preguntaban sobre lo que le había pasado para estar así. Acertó a escuchar el sonido de la fiesta y que un amigo, que lo esperaba en la puerta del baño escuchó un golpe muy fuerte y fue cuando pidió ayuda para que le ayudaran a abrir aquella puerta cerrada desde el interior.
Pedro era consciente que su historia podría no ser creída y que estaba bromeando pero en su pierna descubrieron que había unas marcas de haber sido mordido por un ser humano, quizás el inicio de la venganza de “Conchita” y de querer hacer sufrir, como ella sufrió, a todo aquel que entrara en el baño a desafiarla.

El colegio o escuela San Blas existe realmente, está en la calle Cue de Brenes en Carmona, lo que no parece real es la historia, ubicada en un tiempo indefinido con unos protagonistas indefinidos –como en toda buena leyenda urbana-, de “Conchita” y su trágica muerte.

Es la leyenda del colegio San Blas de Carmona, una historia quimérica, de las muchas que se cuentan en los colegios y que, en esta ocasión pasa a ser uno de esos relatos que está a caballo entre la leyenda y la realidad.