FENÓMENOS EXTRAÑOS EN LA SIERRA DE GRAZALEMA

Por: Jose Manuel García Bautista

Finaliza el verano y el otoño comienza, atrás quedaron las vacaciones estivales, el ir a la playa o a la montaña y tener ese merecido descanso tras un duro año de trabajo, aunque hay personas que en sus vacaciones hayan tenido más de un susto y se convirtieran en casi un infierno.

En meses pasados informábamos, desde CádizDirecto, de unos extraños fenómenos que tenían como escenario el entorno rural de Grazalema -en toda su extensión y con los muchos pueblos que comprende, de forma general-, quizás debido a ello, llegaron nuevas informaciones y pistas sobre casos que habían/han podido vivir otras personas allí mismo. Es el caso de Antonio Ruiz y su pareja quienes no salían de su asombro cuando un caluroso fin se semana de julio vivieron algo que no olvidarían jamás: “Decidimos pasar unos días en la sierra, alejarnos de la playa, queríamos algo diferente, siempre estamos en Cádiz trabajando y por cercanía nos vamos a la playa. Aquel fin de semana era nuestro aniversario y decidimos pasarlo en una casa rural, de un amigo. Me dejó las llaves y me deseó que lo pasara bien, y sólo me dijo que por la noche cerrara bien las ventanas. Llegamos a la casa a mediodía, estaba retirada, aparcamos e hicimos un trecho del camino andando. Al llegar el sitio era idílico así que nos instalamos, hacía fresco pero picaba el sol. Al caer la noche nos dispusimos a cenar, era una cena romántica, de aniversario, con nuestra botellita de vino y algunas cosillas de “delicatessen”que habíamos comprado. A mitad de la cena se fue la luz, mi mujer dijo: “vaya hombre, estaba todo saliendo muy bien” y fue entonces cuando sentimos que aporrearon la puerta. Nos extrañó, nos miramos y ambos dijimos: “Han llamado”, entonces, sin abrir, dije, “¿Quién es?” y no contestó nadie. Fue entonces cuando aporrearon de nuevo la puerta, como si quisieran entrar con violencia. Mi mujer estaba asustada y con bate que tenía mi amigo en la casa decidí abrir. Al salir no había nadie en las cercanías de la casa, la soledad más absoluta”.

Nuestros protagonistas pensaron que podría tratarse del viento: “Le hice un comentario a Marta, mi mujer, sobre lo que dijo mi amigo de cerrar bien las ventanas, pensé que, tal vez, la puerta tendría algo de vuelo y el viento la empujaría, aunque lo que sentimos era claramente como se aporreaba pero allí, en medio de ninguna parte, con el coche retirado, mejor no pensar en fantasmas. Entonces fue cuando volvieron a aporrear la puerta y, al mismo tiempo, en las ventanas comenzaron a golpear como si alguien quisiera entrar o que se le abriera”, en tan tensa situación ambos no sabían que hacer.

“Entonces fue cuando en una de las llamadas a una de las ventanas mi mujer miró y vio como en el cristal había un rostro que no se veía con claridad, como si estuviera retirado en la penumbra. Fue cuando agarré el palo y salí corriendo dado una vuelta alrededor de la casa. No vi nada, sólo al irme a meter dentro vi una silueta que se alejaba, pensé que era un gracioso y le dije “ven ahora si te atreves” y fue cuando ese ser, esa silueta, se giró y comenzó a venir hacia mi… Cuando estaba a 7 u 8 metros vi que era alta, de un metro ochenta o noventa y que no llevaba como una túnica de monje, encapuchado y no se le veía la cara… El susto fue monumental. Cerré puerta bien y aseguré las ventanas y pasamos la noche como pudimos si bien nuestra primera intención fue irnos pero cualquier salía allí fuera y sin cobertura en el móvil”.

A la mañana siguiente comprobaron todo y no había marcas ni nada “fue entonces cuando bajamos al pueblo y llamé a mi amigo que me dijo que alguna vez habían tenido una experiencia así pero que no había ido a peor y que no debíamos tener miedo, mira tú que listo…”. Antonio Ruiz y Marta, de 36 y 34 años, hicieron su corto equipaje y salieron en dirección a Cádiz donde disfrutaron de un habitual y delicioso baño en la playa tratando de olvidar el fin de semana en la sierra que iban a tener y la extraña experiencia que vivieron en aquel lugar.

Otro incidente fue el vivido por Nicolás A. y un grupo de amigos que también quisieron pasar un fin de semana en la sierra, alquilaron una casa y “por la noche se nos ocurrió hacer una sesión de ouija, les dije a mis amigos que había visto en “Cuarto Milenio” a Iker Jiménez entrevistar a unos tios que las habían pasado moradas en una casa en la sierra, en Grazalema, y que lo podíamos ver. Buscamos el vídeo en Youtube y vimos un reportaje. Entonces uno de mis amigos dijo que él no creía en esas tonterías y que en el programa se inventaban la mitad de las cosas. Les propuse hacer una sesión de ouija y animados por el alcohol decidimos tontear un rato. Improvisamos uuna ouija con unos papelitos y un vaso, el vaso se empezó a mover pero de una forma exagerada, a dar un mensaje que decía: “entre vosotros estoy”, así, tal cual. Pensamos que entre nosotros moviamos el vaso y era broma, lo lógico, pero lo peor vino cuando apenas rozando el vaso este se movía. Fue entonces cuando “el Nani” dijo “si estás aquí demuéstralo” y fue cuando sentimos como, uno a uno, nos fue tocando, era muy evidente, se sentía, parpaderaron las luces, un mueble se abrió y entonces el pánico se apoderó de nosotros. Encendimos todas las luces que estaban apagadas y un amigo dijo que habíoa que acabar con aquello y decidimos cortar. No se qué pasó aquella noche pero fue, desde luego, muy extraño”.

Otras muchas personas han vivido encuentros similares en un escenario incomparable. La Sierra de Grazalema tiene mil atractivos por los que visitarla y parece que el misterio pueda ser uno de ellos.